Cuando te encuentres de camino a Ítaca,
desea que sea largo el camino,
lleno de aventuras, lleno de conocimientos
(…)
Y si pobre la encuentras, Ítaca no te engañó.
Así sabio como te hiciste, con tanta experiencia,
comprenderás ya qué significan las Ítacas.
Fragmento del poema Ítaca de Constantino Cavafis
Ya notaba Cavafis en el poema Ítaca la importancia del camino. Hace unos minutos terminó la copa del mundo del fútbol, un sólo campeón, España, pero muchos caminos, largos cortos, errados, acertados… más bien diferentes.
Tshabalala de apellido, piel negra, pelo largo, movimiento ágil y remate potente desencadenó el primer grito de gol en el mundial. El alegre festejo fue un baile mirando al público y un partido que terminaría empatando la selección de Sudáfrica. Ya en ese encuentro había un ruido casi nunca escuchado (en los mundiales), sonaban como abejas durante todo el juego, se llaman vuvuzelas y hoy las conocen casi todos. La selección anfitriona sólo llegó al tercer partido.
En otro grupo, como en una película holliwoodense (de la que nos suelen pasar en canal 13 de buenos aires) un director técnico pone a jugar en el equipo a su hijo, el chico le da un empate faltando 8 minutos para el final y la selección estadounidense se afianzaba en el primer lugar del grupo, aunque a un solo punto sobre el tercero.
Y un día Diego Armando Maradona regresó al mundial, el soberbio, el barrilete cósmico, el gordito, el de la villa, el de los aritos de brillante, el conductor de televisión, el que no duda en pelearse con quien crea… ahora director técnico de la selección Argentina de fútbol. Con barba algo canosa y un impecable traje gris, pisaba el césped e ilusionaba a muchos, que entre otras cosas buscaban (y encontraban) muchas similitudes con México 1986.
Argentina, ya clasificado en el tercer partido, faltando 10 minutos hacía debutar a los 36 años a un goleador. El mismo tipo que once años atrás erró tres penales en un partido con la misma camiseta, pero estuvo esta vez en el lugar indicado y el momento justo. Messi desde afuera del área dispara contra el arquero que hace de pared para que el rebote busque la pierna derecha de este debutante, de Martín Palermo y Argentina grite un gol emotivo, quizá el más emotivo que tuvo en la copa. Luego el equipo jugó dos partidos más, en el último se encontró a un tanquecito alemán que lo frenó.
Si alguien se preguntó sobre el campeón del mundial pasado. Era Italia y al igual que el subcampeón quedaron detenidos en la primera ronda. Con la diferencia que ese subcampeón, Francia, se fue haciendo ruido con peleas de vestuario entre un jugador que fue sacado del equipo al enfrentarse al director técnico.
(…)
Tarjeta roja y un jugador de camiseta celeste se iba expulsado, entre lágrimas. Había puesto la mano para evitar un gol y ahora su equipo sobre el final tenía un penal en contra. El jugador rival no la metió y ese partido se fue a un alargue. Ese alargue no desempató, por lo tanto Ghana y Uruguay definieron con penales y como cierre dependían del penal de los sudamericanos y esa pelota quedó a los piés de un loco (Abreu de apellido) que la acomodaba y el relator decía: “La va a picar, la va a picar”. El desequilibrado en cuestión no se fijo si su equipo dependía de esa pelota, ni que eran millones esperando ese momento, con total tranquilidad la picó y suavemente la pelota entro en medio del arco, mientras un arquero se había jugado tirandose a un costado dejando el puesto indefenso.
Los partidos tan luchados por los uruguayos venían repitiendose desde antes del mundial incluso, con una clasificación por repechaje, hasta la lucha por el tercer puesto que no pudo obtener porque en ese momento no le salió el tiro del final cuando Forlan, un rubio goleador, pateó y la pelota pasó a centímetros por encima del arco. Forlan luego fue premiado con el balón de oro, premio al jugador destacado de la copa.
No pasó más que un día para una ceremonia de cierre previa al partido final. Un impactante cierre, con imágenes proyectadas sobre el campo de juego, baile, músicos, representaciones y mucho ritmo.
Unos minutos después entró a la cancha la copa de oro, la depositaron al lado del campo de juego y no demoró mucho en aparecer un personaje conocido en irrumpir en eventos masivos. Corrió hasta unos pocos centimetros al lado del trofeo llevando un gorro, la corrida fue frenada y el personaje detenido. Luego llegaría un partido donde ninguno de los dos (ni Holanda ni España) había ganado la copa antes y un pulpo llamado Paul predijo el resultado dándole la primer estrella en la camiseta a España.
Un sólo gol tuvo la final pero incontables patadas de parte de ambos equipos. Destacándose quizá la del jugador holandés al pecho de Alonso, que con una amarilla fue alentado de manera tibia por el árbitro, podría decir. Luego, festejos y más festejos por parte del ganador.
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