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Perico pasado por Dakar

Éste artículo fue escrito por Helena Dawidowicz,

Ha escrito 1 artículos en Ñurda

E-mail: correopue@gmail.com.

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La tarde del Lunes 3 de enero era una tarde más, bastante gris por cierto… De pronto, suena mi celular. Del otro lado, se escucha la voz de Ale, eufórico, diciendo: “Estoy en los preparativos del Dakar. Esto es muy ñurda!!! Hablan ecuatorianos acerca de Perico, hay un jeep de Kuka (Aclaración: Kuka es un personaje periqueño, dueño de una radio y una carpintería que se dedica a fabricar ataúdes) todo pintado y quemaron la gigantografía de Néstor con la camiseta de Talleres”… Mientras, sin darme cuenta, mi cara esbozaba una sonrisa, me dice “tenemos que estar mañana acá, esto es único, esto es Perico, esto es Ñurda!”… Imposible negarme a  una invitación así.

Martes 4 de enero. El reloj marcaba las 13.48. Un cielo completamente despejado y un sol radiante se empeñan en hacernos notar que el 2011 nos daba la bienvenida con temperaturas altísimas. En el estéreo suena: “Yo no sé mañana…”. El destino no avisó que ese sería el tema que identifique a esa época del año… Paso a buscar a Ale y partimos rumbo al vivac del Dakar, para ver de cerca el movimiento de gente de nuestra ciudad en un acontecimiento de tal magnitud. El destino tampoco me avisó que allí viviría una de las mejores tardes de mi vida…

Debo aclarar que, personalmente, el Dakar no era más que un pretexto. No me gustan los autos, los camiones, los cuatris ni las motos. No me interesan los rallys, y mucho menos tenía el afán de conseguir un autógrafo de Saiz… En ese sentido, lo único que podía movilizarme era el sueño de que el príncipe de Qatar me conozca y me haga parte de su harén.. (Cosa que no sucedió, pues si no, no estaría escribiendo…)

Dejamos el auto en la plaza central y comenzamos a caminar. El campamento estaba, más o menos,  a unos 1,5 kilómetros de ahí. Ale me pregunta si aguantaré tanta exigencia física. Ante mi propia duda, le contesto: “No sé, de última, me harás a cococho”… Cruzando las vías del ferrocarril nos encontramos con unos pilares que sostienen transformadores de energía, todos pintados de colores varios y chillones, los mismos (colores) que decoran el puente de la autopista Perico – San Salvador… Esto nos dio la pauta que los tonos vivos marcan tendencia en esta temporada, o que los arquitectos de la Municipalidad tienen muy mal gusto.

El trayecto fue muy ameno, con conversaciones y risas varias. Mientras Ale me daba un curso Express de fotografía y yo pensaba si mi celular tenía la capacidad de modificar el número de asas o la apertura del diafragma para aplicar los conocimientos que adquiría en el momento, el entorno nos mostraba un paisaje sumamente curioso: mucha gente caminando en el mismo sentido que nosotros, puestos de comida (mejor dicho, frituras), venta de remeras, vinchas y banderas alusivas a la competencia en la banquina de la autopista, y un tránsito cerrado para los vehículos que no fueran los oficiales.

La cantidad de motoqueros y autos internacionales que pasaban por ese sector de la autopista era impresionante. Gente de distintos lugares del país y el mundo congregados en Perico… A lo lejos se evidenciaba una botella gigante, que resultó ser la propaganda de “Sodas Palau” y se confundía con los carteles, banners y whipalas que auspiciaban la jornada.

Sin darnos cuenta, llegamos al vivac. Cada uno de nosotros iba en sus pensamientos viendo la multitud que nos sorprendía cada vez más, cuando de pronto ¡¡¡ZAS!!! La gigantografía de Néstor con la camiseta de Talleres de Perico estaba sana, nueva, casi hasta con la pintura fresca… Respiramos aliviados al ver que las manos de Kirchner estaban, por un momento, donde debían estar…

De fondo, se escuchaba por altavoces la locución de César “Chiqui” Rodríguez, indiscutido animador de todos los eventos sociales de la ciudad (no por carácter transitivo el mejor). Él se encargaba de entretener a los concurrentes hasta que llegaran los corredores. Grata fue nuestra sorpresa cuando vimos que su cabina de prensa no era más que una escalera tipo tijera en la cual estaba montado, para así poder apreciar (desde la altura) las eventualidades de la tarde. Afortunadamente para él, después le acercaron una traffic y una sombrilla. El techo del vehículo era mucho más cómodo que las barras de madera.

Lo primero que encontramos fue una carpa blanca, donde compramos una gaseosa, cuya temperatura y precio era proporcional al clima. Sin ponernos en exquisitos, hicimos como si nada hubiera pasado y nos propusimos a recorrer el lugar. Entramos a una carpa bastante amplia, donde se exponían los trabajos hechos por los capacitadores y capacitados de los cursos que dictan las distintas áreas de la Municipalidad. Así fue como fuimos entendiendo que el Dakar era eso: Una mezcla de la logística internacional con los dulces artesanales de las señoras de Acción Social; gente hablando en inglés vía manos libres mientras caminaba aceleradamente y muñecas de trapo hechas con telas varias, acompañadas de ballets folklóricos, chicos con trajes de tinkus y el personaje máximo de la jornada: un perico de peluche que bailaba y caminaba arengando a los presentes. Evaluando la situación a distancia, debo reconocerle la labor al cristiano que ocupaba ese traje… Él bailaba aparentando felicidad, cuando ahí adentro debía estar cocinándose al spiedo. Desde aquí mis disculpas por haberme burlado.

Mientras evaluábamos para qué lado ir, escuchamos gritos del tipo: “Qué venga Roly, ladrón!”, “Devuélvannos la plata”, “Dónde está la Mendoza? Claro, para cobrar están, pero ahora no aparecen”, “Valdiviezo, devolvé la plata” (Aclaración: Roly no es más ni menos que Rolando Ficoseco, intendente municipal, “la Mendoza” es la esposa y Valdiviezo, un empleado municipal que estaba tratando de contener a la multitud, pero sin darles solución)… Nos acercamos a una tribuna lindera al alambrado que delimitaba el perímetro del vivac – lugar donde se congregaba el disturbio – y descubrimos que el enojo masivo se debía a que la Municipalidad había dispuesto alquilar asientos (después nos contarían que a 30 pesos argentinos) en esa tribuna para que los espectadores tengan una vista privilegiada de los vehículos… Pero, paradójicamente, los autos de carrera NO pasaban por ese lugar.

Esta situación, además de curiosa, era hasta entendible: No hay nada peor para un fan del automovilismo pagar un lugar bajo el rayo del sol sólo para ver pasar los autos que comúnmente uno cruza por la vereda de su casa, y encima aplaudirlos eufóricos creyendo que se trataba de un cuatri internacional… De hecho, vale aclarar que no apareció ninguna de las autoridades convocadas, y mujeres con remeras proselitistas rojas no nos dejaron tomar fotografías de la escena.

Seguimos caminando sin rumbo fijo, hasta que nos dimos cuenta que habíamos llegado al puente de la autopista. Había gente por doquier y en el medio de la multitud, una monja – hábitos incluidos – sosteniendo una botellita de agua con una mano y las correas de dos perros en la otra. Sin dudas, el Dakar no era más que una mezcla de gente, personajes, gestos, autos y euforia.

Bajamos al vivac y nos refugiamos momentáneamente del sol debajo de una carpa. Igual, ya era tarde. Mi piel reclamaba a gritos no haberle hecho caso a mi mamá y haberme puesto ropa con mangas y protector solar.

De pronto, MOMEEEENTO!!! Llegaba la primer moto. No tengo la menor idea de quién era el conductor, pero sólo sé que “Chiqui”, emocionado, gritaba a viva voz junto a su hermano (ya había llegado en bici –siempre con casco – y se había subido al techo de la traffic en cuestión para acompañar la animación del Dakar) una especie de pseudo inglés-quichua que sonaba como “Llegó la moto, Duspiquinglish?! Duspiquinglish?!”, intentando, de alguna manera, comunicarse con los extranjeros y lograr algún gesto de entendimiento.

Por mi altura precaria y mi poco interés, no sé siquiera de qué color era la moto… Mientras todos los presentes aplaudían y saludaban a los corredores y vehículos de soporte que iban llegando, yo hacía uso de mi condición de mujer envidiosa criticando el look de las mujeres y promotoras que sacaban a la luz sus dotes naturales en pos de captar miradas ajenas.

Bastante agotados y cansados del sol y la multitud, caminamos en sentido contrario al tumulto y nos refugiamos en SUETRA, un complejo con piletas, quinchos, juegos y césped, donde comprar una gaseosa fresca y sentarnos bajo un árbol a conversar fue la mejor decisión que podríamos haber tomado.

Llamé a mi mamá para avisarle que estaba bien y lo primero que me preguntó fue “¿te quemaste?”… Mi respuesta fue inmediata: “No, má… un poquito quizás, pero no está tan fuerte el sol”… Inconscientemente sabía que de haberle hecho caso, esa conversación no estaría sucediendo… Y odio cuando tiene razón…

La sensación de estar abstraída de la locura popular por un rato era magnífica. Éramos dos almas solas, charlando de nada concreto, riendo en demasía como si no existiera el mundo. Se sentían a lo lejos los comentarios de los locutores oficiales, que a esta altura de la tarde eran tres (además de los hermanos Rodríguez se había sumado una mujer de dicción forzada y vocabulario tan fluido como su inglés). De a ratos pasaban por sobre nuestras cabezas aviones, uno de ellos un Hércules, y yo sólo pensaba que por la mera presencia de ese avión por el Dakar, los billetes que se habían mandado a imprimir a Brasil no podían ser trasladados a Argentina y los cajeros automáticos de los lugares turísticos del país estaban vacíos…

Pasado un buen rato y habiendo chusmeado los pormenores de los bailes que en ese club se concretaban con motivo del Rally (que por cierto eran en día de semana y hasta las 6 AM, cuando por legislación en Jujuy los locales bailables y fiestas deben cerrar a las 4), tomamos aire y partimos nuevamente rumbo al vivac…

El sol estaba cayendo. El ambiente estaba más calmo. Del otro lado del alambrado la discordia se habían ubicado los camiones de soporte de algún vehículo de competencia alemán, desde cuyos techos los teutones sacaban fotos e interactuaban mediante señas con el público.

Como no había ningún alemán digno de mi atención, caminamos en torno a la carpa blanca principal, hasta que vimos una aglomeración de gente. Nos acercamos y vimos una especie de hule, donde la gente introducía la cabeza. Temiendo lo peor, nos acercamos aún más y comprobamos que teníamos razón: Dentro de todo el negocio pueblerino que representaba el Rally, un avivado tuvo la idea de hacer un banner con el logo del Dakar, donde los concurrentes que quisieran podían posar y tener de recuerdo una foto con el slogan de “Yo vivi el Dakar 2011”… La vergüenza ajena que sentí fue superada por la sorpresa al enterarme el precio de cada foto en cuestión, pero bueh… Ya lo dice el dicho: “plata que no has de ahorrar, conviértela en foto del Dakar”.

Seguimos caminando y nos quedamos en una especie de ronda, donde un malabarista improvisado intentaba entretener al público con una bicicleta de una sola rueda y lanzando postas al aire. Decidimos alejarnos cuando notamos que no era muy hábil en la recepción de las mismas y por lo tanto un  periqueño había resultado víctima del impacto en caída libre.

Alejados del tumulto resulté hogar de una avispa y una pulga que habían encontrado refugio de la vorágine popular en mi cuello quemado.

Al rato, suena mi teléfono. Del otro lado, escucho la voz de mi mamá preguntado un  “¿A qué hora vas a venir?”… Claro, eran pasadas las 8 de la noche y yo llevaba ausente del hogar más de 7 horas y sin dar señales de vida. Contesté que ya volvía y comenzamos la caminata de vuelta a la plaza central, a pasos mucho más veloces que los del camino de ida (si hay algo que aprendí como hija es que no hay que desmerecer el tono cortante de voz de una madre por teléfono).

Llegamos en tiempo record al auto – previa parada en una farmacia para comprar un gel refrescante post solar – y me despedí de Ale, agradeciéndole las risas que invadieron mi cuerpo durante toda la jornada.

Cansada, con calambres varios por la caminata que en mi vida hice y una quemadura de segundo grado en la piel, llegué a casa contestando con una sonrisa simpática y un “pero no me arde mucho…” a la frase al unísono “qué quemada te pegaste!” que mamá y papá repetían cada dos minutos.

Un rato después, recibo un mensaje de Ale diciendo que había salido de paseo con unas primas y en la estación de servicio pudo ver a varios competidores cargando combustible. Respiré aliviada al saber que mi compañero de tarde, el presidente de The Ñurda´s (una agrupación que tácitamente formamos desde antes de conocernos), y el motivo por el cual hoy escribo esto,  había podido ver – al menos – un vehículo oficial.

Más allá de todo, puedo hoy con certeza afirmar que yo le puse el pecho, literalmente, a la llegada del Dakar a Perico. ¿Valió la pena?… Definitivamente.

Norma de América – Selección de videos

Éste artículo fue escrito por Alguien De Perico, también conocido como Alejandro Velázquez. Fotógrafo, periqueño y amante del chocolate.

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E-mail: deperico@gmail.com.

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El Pata y lana – Norma de América

Pisao, dominao – Norma de América

La sonrisa de mamá – Norma de América y Fabiana Tolaba

Gracias te doy Pacha mama – Norma de América

Jujuy de metal fest

Éste artículo fue escrito por Pablo Chavarría, también conocido como Habitante del Sol. Suele aparecer en eventos insospechados.

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E-mail: habitandoelsol@gmail.com.

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Esta es una de esas notas que nadie lee, pero que tengo que escribir para que mi jefe me acredite en próximos eventos y no me mande a cubrir cumpleaños de 15’s y casamientos. Además se hace muy difícil ser objetivo cuando hay tanta buena onda y diversión en un festival de rock. No me hago cargo de nada….por quejas y posibles denuncias hablen con Alejandro Velázquez (Alguien de perico), por felicitaciones y por donaciones de dinero se pueden comunicar conmigo.

Metal con buena onda (día 1)
Sábado 19, 19:45, ventana de chat en facebook…yo, insistiéndole a mi jefe que me acredite para cubrir el Jujuy de metal fest. Él: no sé…yo te aviso.
21:30. Cenando y haciendo zapping (el fin del mundo había llegado y yo no me dí cuenta), ¡mensaje de texto! “estas acreditado, decí en la puerta que vas de parte de revista ñurda, pasala bien”. Sonrisa de oreja a oreja, zapatillas, cámara y rumbo fijo a la mar en coche, bar cultural ubicado en el barrio san Pedrito, calle Puna, a dos cuadras y algo más de la avenida Almirante Brown; de mi agrado por la cercanía con mi casa, un problema menos a la hora de pensar que hacer a las 4 de la mañana.
No fue difícil llegar, mucho menos para mí que conocía el lugar, pero una cuadra antes ya se notaban las camperas de cuero, la ropa negra, y un ambiente a la rueda pero sin olor a piñas (para los que no saben la rueda era un lugar, no sé si llamarlo casa, salón de eventos o suerte de habitat en el que se hacían festivales de metal hace aproximadamente 15 años, la dirección es incierta por la corta edad que manejaba cuando estaba en funcionamiento, pero lo que es seguro es que quedaba detrás del mercado de abasto). Las vecinas que paseaban a sus perros poco entendían del movimiento que se estaba armando en la cuadra, primer festival de metal que se realiza en ese bar, a lo que miraban entre desconfiadas y asustadas a la gente que se iba acercando.
Caminé saludando algunas caras conocidas, me acerco a la puerta y con mi mejor cara de “notero” repito:
-    ¡hola!, soy Pablo, vengo de parte de revista ñurda, me mandaron a cubrir el evento.
-    ¡Ah, sí! Me avisaron, ¿Vos estás con ellos? Pasá, pasá tranquilo, lo que necesites ya sabés…avisanos. – me respondió la chica que estaba en la puerta cobrando y cortando entradas, con una total naturalidad y una buena onda que me sorprendió.
Y sin más ni menos ingresé al lugar. No me pareció raro de que haya más gente afuera que adentro. Fui hasta la parte trasera del bar (bar dividido en dos secciones, un living bar en la parte de adelante ambientado para la previa y la parte de atrás en la que se realizan los espectáculos de cualquier índole). Había grupos de gente dispersa y fui testigo cabal de los armados de equipos, la primer banda ya probaba sonido, faltaba poco para largar con el recital. Así que fui hasta la barra y pedí una cerveza (faltando a mi condición de profesional, después de todo mi jefe me había autorizado a pasarla bien). La gente entraba de a poco, saludo tras saludo el lugar se iba llenando y de un momento a otro se escuchan los primeros golpes de batería, miro la hora 0:15 y V.I.L.I.S abría el festival. Un poco más de media hora de temas propios, sin pena, pero sin gloria. La gente todavía estaba dispersa y en su gran mayoría todavía ni había ingresado.



Mientras la segunda banda se preparaba para tocar, diviso a la distancia un chabón, pelo hasta los hombros, barba, remera negra y me doy cuenta de que estaba describiendo al organizador, me acerca con mi mejor cara de póker para conversar con él, conversación fructífera en lo que a datos se refiere, en unos pocos minutos, pegamos onda (en el sentido masculino de la palabra) y pude recopilar toda la información que necesitaba, todo un pionero en lo que a metal y Jujuy se refiere, festival organizado para celebrar los 100 miembros del grupo de facebook, comenzando por 2 bandas, y terminando en 8 (es por eso que se lo dividió en dos noches).
-    Lo que es lamentable es que recién a las dos de la mañana van a entrador todos y se van a perder dos bandas, la idea es que entren todos, porque el slogan del festival es el aguante se hace adentro.
Charla va charla viene nos despedimos para que siga en su labor organizadora, despedida que sonaba más a presentación:
-    Un gusto que vengas loco y se dediquen a cubrir estos eventos, no solo a las bandas grandes que vienen, me presento soy toto.
-    No, loco, gracias a ustedes por dejarnos pasar, yo soy Pablo.
No había terminado la charla que ya sonaba Maquinarium, a pura actitud, actitud, actitud como me señalaría el guitarrista en una charla segundos después de tocar:
-    Un desafío tocar para gente nueva, pero siempre con actitud, actitud, actitud, actitud – si, a mí también me sorprendió toda esa actitud – y más ahora que hay más reunión entre bandas, todos estamos en las mismas, nadie es superior a nadie y hay que unirse para salir adelante, ahora cada vez hay más bandas y eso está muy bueno.

Al momento que terminaba mi charla con la banda, veía como ingresaba más y más gente al bar, crecían en número a medida que me preguntaba de donde habían salido. Se veía público en su temprana adolescencia como gente en avanzada edad, todos cuereados en negro y de repente diviso a mi amiga Rocío, una cara conocida para pasar el tiempo mientras se preparaba la próxima banda, y a los pocos minutos se escuchaba a Cicario, una banda que tuvo la desgracia de tocar en la plenitud de la charla colectiva de los presentes, con un recital corto, pero al palo se despidieron sin más ni menos que con temas propios, y los malabares de las manos que se las arreglaban a aplaudir con botellas de cervezas.
Sin un respiro para ir al baño o llenar los vasos nuevamente, Eternity, con un riff le da principio al último recital de la noche, el más pogueado por la gente que era una masa negra que se movía de un lado a otro esquivando sillas y una que otra pareja abrazada al costado, el momento de esplendor de la noche, que no podía ser terminado de otra manera sino con el guitarrista zapando los acordes de “Tú eres su seguridad” de Almafuerte que fue coreado en conjunto por todos los presentes con el puño levantado.
Miro mi reloj, 4:03 a.m. el momento de partir, el sonidista guardaba los cables y el musicalizador del bar improvisaba algo para la gente que todavía se encontraba en el bar, satisfecho por una noche de trabajo y diversión me despido hasta el próximo fin de semana y parto rumbo a mi casa.

El jefe quiere verlo (durante la semana)

Lunes 10:30 a.m. Nuevamente Facebook, ventana de chat abierta (nuevamente) con un amigo virtual (denominado primo por la casualidad de llevar el mismo apellido).
“-    eh porque no fuiste al festival el sábado?

-    si fui, no te vi, en donde estabas, me mandaron a cubrir el evento.- respondí agregando un emoticón que describa la situación de confusión en la que me encontraba

-    vos fuiste de parte de ñurda? Me hiciste una nota y todo
-    Uh no me dí cuenta me re colgué, fue un gusto entonces!

Momento en el que recibo un mensaje de mi jefe:
-    ¿novedades? – en tono cortante, seguramente para intimidar ante las posibilidades de pedir un aumento, a esta altura ya estoy acostumbrado.
-    Si, un par, te las paso en archivo la semana que viene – en los tiempos de ñurda hay que multiplicar por dos, por las dudas – porque el festival termina el próximo sábado, son dos noches. – esta vez no encontré emoticón que describa la situación.
-    ¡bárbaro! Estoy moviendo compromisos para ver si puedo ir. – una vez más la posibilidad del palo en la rueda.
-    Si, igual si no podes no te hagas drama – no pude responder otra cosa, teniendo en cuenta de que peligraba una noche de diversión si él estaba presente.

El aguante se hace adentro (día 2)

Sin sonar irresponsable debo admitir que llegué tarde, me excuso porque tuve que viajar una larga distancia para llegar. No voy a explicar que estaba haciendo, donde y en que por respeto a esta crónica, pero finalmente me hice presente en la mar en coche.
Sábado 26 de marzo, después de maniobrar por las calles de san Pedrito finalmente llego a destino. Instantáneamente al bajar del auto me percato de toda la gente que había en el lugar, con la expresión que mejor reflejaba lo que veía: ¡ÑURDA!, aceleré mis pasos hasta la puerta, y a lo lejos escucho: “Primo” y me espera un abrazo en la puerta de parte de Toto (mi primo, del que hable anteriormente) “¡sobrio! Demasiada gente adentro, ya está colmado a las una y media, no sé en donde vamos a meter tanta gente. Después de una semana tranquilísima, puliendo detalles y confirmando la gente de salta”. Si hubiera sido de otra revista hubiera pensado “¡uh! Tengo competencia” pero a esta altura ya nada me impedía el pasarla bien trabajando. Sin más rodeos ingreso y debo expresar la confusión que me causo ver tanta gente, sin distraerme voy hasta el final del bar y escucho las últimas canciones de Cerverus, en el vocabulario ñurda pendejos de no más de 18 años que me hicieron replantear que hice de mi vida y de mi guitarra. Rock clásico abriendo el festival y la gente que saltaba y coreaba los temas. “estuvo buenísimo, estas jodas son inolvidables, muy linda experiencia”, en palabras de su guitarrista. En una charla que contagiaba energía. Recorrí el bar entre conversaciones con conocidos y desconocidos hasta que armaba todo la próxima banda.


“Haber escuchado a Cerverus es algo que a mí me enorgullece, el metal Jujeño tiene futuro. En el 89 acá había una sola banda Edams, pasó el tiempo y ahora en comparación el heavy metal creció muchísimo, ojalá que nunca pare, que haya mas bandas y que le sigan metiendo”. Todos los comentarios eran iguales, había un contento popular hacia el festival y sin más espera la segunda banda de la noche Necromo ya estaba haciendo de lo suyo. A pura adrenalina, sin respiro entre tema y tema, algo que no le era un impedimento al cuero negro que pogueaba en conjunto. Tuve la suerte de cruzar palabra con el guitarrista a los pocos segundos de que terminaron de tocar. “el motor del heavy es algo que no se puede parar. No hace falta reflexionar de nada, basta con ver a toda esta gente reunida, es algo muy hermoso ver que toda esta gente se junte cada vez que hay un festival”.


Y así mientras un pibe de no más de 8 años se metía el dedo en la nariz de la mano del padre la próxima banda de la noche Psycko em ya preparaba todo, no había tiempo de aburrirse o mandar mensajes de textos (reflejo inconsciente de los festivales en los que te preguntas porque fuiste si estabas cómodo en tu casa).  La gente entraba sin respiro así como las cervezas pasaban de mano en mano, el ambiente ya estaba a punto ebullición y un acople de guitarra avisaba que Psycko em ya estaba listo para tocar.


“Me gusta esta banda porque me dieron la remera con suavizante” le comenté a un amigo al comenzar el recital. La energía de la banda y las luces que tarde o temprano terminaban por cansarte hicieron, a mi parecer, una de las mejores presentaciones de la banda. Y como se podría decir que tengo una estrecha relación con los integrantes, sin necesidad de una cara de póker, accedí a una charla más extensa. “está buenísimo el festival, la gente se portó, hay muy buena respuesta de la gente y es encarar todo con energía, transmitiéndola siempre para adelante. Jujuy está creciendo en buenos términos, cada vez se abren más puertas para las bandas, a pesar de que es un genero dificil, se siguen haciendo buenos festivales. Y la banda apunta a eso, siempre para adelante, cantando lo que se ve, a veces quizás desde un punto negativo, o tratando de cambiar algo, se trata de abrir la cabeza”

Y en medio de la conversación un movimiento brusco de sillas, saltos, aplausos y gritos hicieron que me dé cuenta de que Battle Cry, la cereza del festival, ya estaba tocando, con un recital de casi una hora, quizás más, repasaron toda la historia de la banda, obviamente que el disco conceptual al éxodo jujeño no estuvo ausente. “una de las mejores fechas, dos fines de semana, impresionante, es una manera de decir que el metal está vivo y está más saludable que nunca, a pesar de ser fin de mes. Así que chocho y orgulloso de ser parte de esta movida”. Palabras de “Peter” el guitarrista, antes de que me roben la charla para una entrevista con gente de salta, total yo la jugaba de local. Un recital que no tuvo archivos para la papelera de reciclaje, un festival que tuvo el cierre que se merecía, con una de las bandas que pisa más fuerte en Jujuy.


Camino entre la gente que se agolpaba para sacarse fotos con los Battle Cry y me encuentro nuevamente con la organización del evento: “fue lo que esperábamos, se hizo para esto, vino gente de la Quiaca y Salta, estamos satisfechos y contentos. Que la gente descanse y se renueve, más adelante seguramente va a haber una nueva edición.
A las 4 de la mañana la gente se marchaba a duras penas y las bandas estaban terminando de guardar sus cosas. Ya no quedaban cervezas en el bar, un chabón dormí en el sillón y otros charlaban en grupos mientras se intercambiaban revistas y discos.
Sin duda uno de los mejores festivales de el año. Me preparo para irme, saludo como un viejo conocido a la voz de “hasta la próxima” y al salir escucho a una chica que resume el festival en una sola frase: “un festival de puta madre, todas las bandas demostraron mucho”.

Ficha técnica
Lugar: La mar en coche
Fechas: 19 y 26 de marzo
Antidoping: Más positivo imposible
Remera: Una artesanal con la inscripción “muerte al falso metal”
Se dijo en el público: Esto no es puterio barato
El objeto: Camperas de cuero al 90%
Aguante: 100%

Para saber más del metal en Jujuy podés ingresar al: http://www.jujuydemetal.com.ar

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Ñurda

Una Revista de Culturas (?)
No hay verdades absolutas, sólo proponemos algunas miradas sobre.

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