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9 horas de Reggae en Tilcara

Éste artículo fue escrito por Alguien De Perico, también conocido como Alejandro Velázquez. Fotógrafo, periqueño y amante del chocolate.

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E-mail: deperico@gmail.com.

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“-¿Qué te pasa? Está tocando Nonpalidece y vos con cara de ojete.
- No, no es eso. Estoy hecha aca, ya me duelen las piernas.”

Era lo que escuchaba cuando entre todo el público formabamos una gran gelatina de gente que se balanceaba al ritmo del reggae. Balancéo que había bajado la intensidad porque quizá las 9 horas cansaron las piernas, o porque el humo libre de tabaco ya había sedado a la mayoría.

Eran cerca de las 12 de la noche en Tilcara y una de las bandas que más suena en la actualidad del reggae cerraba el primer festival que se hacía en la provincia más al norte de Argentina. El lugar (Tilcara), en enero se encuentra en punto de ebullición (durante todo el mes se desarrollan actividades relacionadas a la cultura y tradiciones en lo que se llama “Enero tilcareño”), es casi impensado que un evento atractivo no convoque gente en ese lugar, en ese mes. Porque humanos es lo que sobra en el pueblo quebradeño, gente que sobresale de viviendas, que casi sale expulsada de las casas como la ropa de una valija que se cerró a la fuerza.

La fecha del festival era el sábado 15 de enero. A pesar de haber planificado la noche anterior el trayecto y la intención de hacerlo temprano para llegar sin apuro a Tilcara, no contaba con dormirme, acción fuera del plan que me llevó a salir cerca del mediodía. Desde Perico (ciudad donde vivo) tenía que dividir el viaje en dos partes: 1) PericoSan Salvador (30 minutos de remis) 2) San SalvadorTilcara (alrededor de una hora y media).

Apenas bajé del remís en San Salvador comencé a caminar (media cuadra) en dirección a la terminal y en la esquina donde tenía que cruzar la calle, un tipo. mientras me mira, dice:

-¡Tilcara!
-¿Cuándo salís? – consulté
- Ya, ya salimos, ahí en la combi -mientras me señalaba la vereda del frente- está mi hijo Leandro.
-¿Cuánto cuesta el viaje? -
- Veinte pesos.

Fuí hasta la combi – generalmente en enero abundan los transportes a Tilcara y esta combi en su parabrisa tenía una hoja naranja que debajo de “Dirección de transporte de Jujuy” decía en letras más grandes: “Servicio especial enero tilcareño” – y Leandro me dijo que faltaban sólo 6 pasajeros, pero miré y había sólo dos personas esperando al lado del vehículo. Y antes que pregunte, me informa: “Es que los otros fueron a comprar al kiosco…”. A la espera de que se completen los pasajeros para el viaje me senté junto a la pareja: él, un ex jugador de Talleres de Perico; ella, la esposa con la que me cruzaba cuando yo hacía las coberturas de los partidos y ganabamos, en los que perdiamos ya no la veía porque la salida del vestuario se llenaba de hinchas enfurecidos que gritaban (casi nunca pasaban más que gritos) y policias que se formaban para escudar al equipo periqueño.

Después de un rato de espera (el suficiente como para que los que esperan miren el reloj como queriendo levantarse e ir a buscar otro transporte, pero no el suficiente como para que pregunten cuánto falta), comenzamos a subir a la combi con los pasajeros completos. El viaje era una continuidad de paisajes que cambian a cada kilómetro. En un momento detengo el mp3 para escuchar al ex jugador de Talleres que le decía a la esposa: “Mirá, como le mete pata y se pasa el tope…”, mientras indicaba un cartel que se iluminaba al lado del conductor, porque en gran parte del camino sobrepasaba el límite de velocidad. El tipo (el conductor) aceleraba y aceleraba, quizá inconscientemente de que en su ambición por llevar más y más pasajeros para lograr sacarle mayor beneficio monetario al día, aportaba también al hecho de convertir a Tilcara en un paisaje desbordante de gente. Y así como esa combi muchos más llevaban y llevaban humanos al amontonamiento extremo que poco tiene que ver con la tranquilidad que alguna vez tuvo el pueblo (encontré un post en el Blog de Viajes, donde recomiendan un artículo interesante sobre el enero tilcareño de la antropóloga argentina radicada en Brasil Rita Segato).

Y justamente, al bajar me encontré de frente con la multitud que tomaba a Tilcara ese mes. Ya eran las dos y media de la tarde, fui directamente la cancha (al lado de la ruta) donde se había montado el escenario. Cerros al frente y al fondo del escenario y las pocas nubes en el cielo no taparon el sol en ningún momento (eso contribuyó a que días después pierda la piel de la nariz y la frente).

Cuando llegué las bandas estaban terminando algunos retoques del sonido y aún no había público. Nonpalidece se subía a una combi (para variar) y al lado mío pasaba un tipo alto y de piel negra. El tipo era Kenyatta Hill, cantante jamaiquino que apoyado en los músicos de Nonpalidece fue el penúltimo en cantar.

Con música de fondo, el precalentamiento arrancó. Y delante del vallado apareció gente que tenía colgada la misma acreditación de prensa (que entregaba la organización) que yo. Mi intento por pasar el vallado no fue fructifero, me indicaron la muñeca de uno de los que estaban dentro y tenían una pulsera de color fluor que los hacía pertenecer a una suerte de jet-set. Jet-set que desde ese momento era enjaulado entre vallas al pié del escenario y al que esa tarde no me interesó pertenecer (tampoco tenían intenciones de invitarme).

De a poco, comenzó a poblarse de gente la cancha. Pasaron sólo cinco minutos de las tres de la tarde y en el escenario apareció el presentador oficial, que junto al dj Rufianes del Beat (desde Córdoba) eran los que hacían la articulación entre la bajada de una banda y la subida de la próxima. De esa forma no hubo momento en que el festival quede mudo, aún cuando un par de cortes de luz enmudecieron los parlantes, las palmas y cantos sostuvieron el ritmo.

Con cada banda, era como que se activaba el público por sectores que había ido a acompañarlos, que generalmente eran quienes se sabían las letras de los temas o sabía cuáles les faltó tocar. Hubo un recorrido entre provincias argentinas, con las bandas en el escenario, que en orden de aparición fueron: La Vaca Vuela (Salta), Manyinga (Córdoba), Buenas y Santas (Tucumán), Combo Locoto (Jujuy), Gallega Rock (Jujuy), El barco del abuelo (Salta), La Yugular Reggae (Jujuy), El Natty Combo (Bs. As.), Rufianes del Beat -dj’s- (Córdoba), Nonpalidece (Bs. As.) y la excepción fue el jamaiquino Kenyatta Hill, que no contaba con hinchada provincial pero no demoró mucho en ganarse el público.

La gente no llegó masivamente sino hasta las 18 más o menos, que al darme vuelta ya era una multitud y en escenario tocaban los aclamados jujeños de La Yugular Reggae, quizá la banda que más fuerte viene pisando en los últimos años cuyo primer fruto es el reciente primer cd Plantate. Haciendo un reggae con vientos andinos e incluyendo entre sus temas, clásicos del folcklore de la zona como por ejemplo Celia en un ritmo de ská. Otros que también se codearon con temas folcloricos fueron los chicos de La Vaca Vuela, quienes abrieron el festival con un homenaje a María Elena Walsh, donde el cantante con una remera de hongo verde (de vida extra en Mario Bross) interpretó La vaca estudiosa. Siguiendo la linea de temas folcloricos populares, los intregrantes de Manyinga hicieron sonar el tema Way ay ay de Los Kjarkas. Y con reggae y trabajo desde hace tiempo dijeron presente los tucumanos de Buenas y Santas.

Otros ritmos que cortaban variaban del reggae fueron de parte de Gallega Rock, que aunque interpretaron un reggae (Campanita) de su primer cd, se pasearon por temas rockeros y en su batería contaron con Ricardo Giles. Mientras yo fotografiaba otro músico jujeño, que estaba de espectador, me comentaba haciendo referencia al baterista: “Y pensar que lo tenemos en Jujuy, es un grosso Ricardo Giles, fijate si, alguna vez, ves el documental de B.A.ROCK de 1982 (Buenos Aires Rock 1982) sale él tocando la batería en La Torre. Un grozzo…”.

Y como quien se cambia de ritmo (hablando siempre de ritmos y no de orden de aparición), la cumbia no faltó al festival. Con una banda, que se había agregado unos días antes, comenzó a sonar una cumbia… ¿Más colombiana? (paradójicamente vale esa aclaración para intentar acaso aproximarse a describir porque rama de la cumbia va) de parte de Combo Locoto, una banda jujeña que despierta bastante interes en el público jujeño y esa tarde en Tilcara hizo bailar a bastante gente.

Quienes también hicieron bailar a la gente fueron por una parte El barco del abuelo y por otra Los Rufianes del Beat (dj’ constante en los intermedios entre banda). Con algo de electrónica ambos, algo de ská también en el El barco del abuelo. Rufianes se pasearon por distintos ritmos desde unos sonidos kusturiqueanos que pusieron a bailar a un alemán que tenía cerca, hasta unos sonidos que parecían salidos de una cancha de fútbol o cumbias electrónicas.

Finalmente cuando la masa ya era grande y después de un paso por diferentes provincias los que fueron uniendo, aún más, al público (en esa gelatina que recién alcanzaría su punto de completa unión con Nonpalidece) fueron en primer lugar, El Natty Combo, con temas instrumentales hasta que su voz lider dejó el saxofón para pasearse por el escenario con micrófono en mano y rastas sueltas. Interrumpido, en un par de temas, por dos cortes de luz que la gente acompañó con palmas. Y al final de la actuación de esta antepenúltima banda subió un invitado: Néstor Ramljak (voz de Nonpalidece) y cantaron un tema mientras se encendían las luces, el cielo se oscurecía y la luna se destacaba.

Néstor desde ese momento no se alejó mucho del escenario, fue el encargado de presentar y ser el traductor del jamaiquino Kenyatta Hill (Hijo de Joseph Hill y a quien reemplazó, al fallecer, como cantante principal del mítico trío Culture). Reggae en inglés, canto y palabras a la marihuana, interacción con la gente, correr de un lado al otro, así Kenyatta, apoyado en los músicos de Nonpalidece (con quienes anda de gira) se metió a la gente en el bolsillo. Al punto que días después leí en el muro de facebook de un músico jujeño: “Kenyatya (sic) Hill??? ningun gil por dios!!!! el loco la rompio…”.

Y eran un poco más de las 22 horas cuando la gelatina enorme recibió a la banda más esperada ese sábado: Nonpalidece. Temas muy conocidos, otros no tantos, un cantante que se desató las rastas (hasta ese momento las tenía en forma de turbante) y llegaban hasta media pierna. Kenyatta invitado en un par de temas, en otro invitó a Sergio Colombo (cantante de El Natty Combo). Yo ya era parte de esa masa, que con piernas cansadas, tenía interacción con lo que propusieron desde el escenario durante dos horas para concluir con el primer festival Tilcara one Love.

De ahí el rumbo a la ciudad cantando el estribillo que se pegó del último tema (la Flor). En Tilcara todo repleto de gente e invitaciones para seguir la noche en cualquier peña, esquina o la playa del río, cuando lo que más quería era bañarme y dejar la mochila en algún lado.

A cielo abierto – La Yugular y Raly Barrionuevo

Éste artículo fue escrito por Alguien De Perico, también conocido como Alejandro Velázquez. Fotógrafo, periqueño y amante del chocolate.

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A cielo abierto
La Yugular Reggae con Raly Barrionuevo de invitado

Recital por la memoria, 24 de marzo de 2010 – Vieja estación de trenes, Jujuy, Argentina
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