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Una escuela de Alfarcito (ir junto a Calu Rivero)

Éste artículo fue escrito por Alguien De Perico, también conocido como Alejandro Velázquez. Fotógrafo, periqueño y amante del chocolate.

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E-mail: deperico@gmail.com.

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Octavo mes de 2009, me habían invitado a sacar fotos a una escuela de Alfarcito ( a kilómetros de Tilcara por un camino de tierra accesible en automóvil sólo hasta una parte) el evento tenía la visita de  una actriz que estaba comenzando a tomar protagonismo en la ficción Argentina (hoy ya está posicionada y coprotagonizando una novela). Le había comentado del evento a un medio donde trabajaba pero lo minimizó y no se interesó en publicarlo por lo que las fotos estuvieron guardadas casi un año hasta ahora.

Llegué a Tilcara un día antes porque la idea era salir temprano por la mañana. La invitación había sido más que nada para hacer fotos y enviarlas a una revista cordobesa de moda. Durante esa noche supuestamente llegaba Calu Rivero, la actriz (ahora mucho más conocida, actuando en la novela “Alguien que me quiera“) que en ese momento venía de trabajar en la novela Patito Feo (con muy buen rating) y Champs 12. Yo aún no la había visto y hasta llegué a pensar que no iba a ir, además nadie me había firmado bajo escribano que venía, sólo me quedaba confiar en mi anfitrión Kunam, un jujeño que tiene locales donde vende ropa diseñada por él.

A la mañana siguiente nos levantamos y salimos al encuentro. En la plaza central de Tilcara dos mujeres de pantalones blancos muy anchos en las piernas y ajustados en la cintura, chales claros y lentes negros. A la de los lentes Ray ban la reconocí, era Calu, además de la tele me la había cruzado en una fiesta de una revista cordobesa el año anterior y había visto muchos autoretratos en su blog. La otra mujer, amiga de Calu, tenía unos lentes redondosy oscuros. Unos momentos después estabamos todos arriba de un vehículo que nos llevaba hasta la escuela que ibamos a visitar. Las dos mujeres,  Kunam (mi anfitrión) y otro personaje llamado Tate, gerente del hotel donde se alojaban las mujeres (que también hacía de guía y fotógrafo).

Yendo en dirección a la Garganta del diablo (pero más allá) bordeando cerros ibamos por camino de tierra. De repente la amiga, que a esa altura ya supe que se llamaba Sol y era musicoterapeuta, comenzó a cantar “Señora chichera vendame chichita…”, con una voz agradable. Y cuando ya ninguno de los celulares tenía señal el vehículo nos dejó. A pesar de no haber llegado aún a la escuela no podía avanzar más porque ya no había camino apto para automóviles. Bajando de ese camino seguimos entre piedras por lo que parecía un río pero que sólo tenía un fino hilo de agua, varios cardones y varios minutos por caminar.

Unos metros antes de la escuela ya el camino iba teniendo forma de camino (?) con piedras a los costados, un portón de palos, una escuela con mastil y bandera izada flameando. Los chicos, alumnos que no pasarían de 10, estaban en el patio, miraban y algunos se escondían. En un momento apareció un maestro/director/agricultor/criador de truchas, que en una escuela como esa es quizá el motor principal. Nos recibió y con preguntas indagaba para entender a qué ibamos 5 personas y cuatro cámaras fotográficas. Se ve que no conocía a la actriz y ella tampoco se presentó más que como una visita y sin sacar chapa de famosa.

-Venimos a compartir el día con los chicos y traerles algunas cosas…- palabras más, palabras menos fue lo que dijo Calu cuando habló y el maestro no contestó.

- Y ver si podemos tener un vínculo.- agregó Calu.

- ¿Qué tipo de vínculos?- Contestó el docente.

Fue como un momento de tensión que hubo hasta que el ambiente se relajó y el maestro comenzó a hablar cada vez con más fluidez contándo las realidades de la escuelita. Contando de las carencias que tienen, de como tuvo que buscar los alumnos (fue inevitable no recordar la película La deuda interna de 1988 pero totalmente presente tanto ahí como en otras escuelas) y llevandonos a recorrer el lugar.

Entramos en una biblioteca con varios libros y nos decía que le habían donado computadora pero que no podían hacerla funcionar porque no tenían energía eléctrica. Usaban energía solar pero no llegaba a tener la tensión suficiente para poder encender la pc.

Después continuamos el recorrido mientras las dos mujeres, Calu y Sol, comenzaban a socializar más con los chicos que de a poco iban entrando confianza. Sol sacó unos instrumentos musicales que había llevado (Flautas, hármónica, etc.). Había pinturas, hojas. Muchas alpargatas salieron de la mochila de Rivero. La marca Toms regala una alpargata por cada una que venden (en realidad no una sino un par) y a Calu la eligió embajadora latinoamericana. Esa tarde los chicos en Alfarcito se medían y algunos llevaban para hermanos. Y cuando volví a mirar a Calu & Sol, no me parecían mujeres, las veía como otras niñas dentro del grupo que tocaban instrumentos y pintaban.

Fuimos al fondo de la escuela y nos contaba -el maestro- que cultivaban maiz entre otras cosas en un terreno algo desnivelado por estar al lado de una pequeña montaña. Estaban retomando los cultivos. Y acercandose a una especie de piletón nos decía que criaban truchas y de cerca pudimos ver a esos peces en el agua . También contaba que los padres de alguno de los alumnos tenían animales y a veces regalaban carne. En esa escuela los chicos almuerzan y ese mediodía nosotros también almorzamos ahí con anchi (a base de sémola, limón y azúcar) de postre.

Alguien vió la hora y calculamos que el taxista nos estaría por ir a esperar en el camino donde nos había dejado. Así que regresamos y algunos alumnos se nos sumaron al trayecto. Ninguno de los celulares tenía señal y no pudimos llamar al taxista. Cuando fuimos al lugar el tipo no estaba. Kunam dijo que él se iba a adelantar a ver si podía llamarlo cuando tenga señal y que nos vaya a buscar. Así salió corriendo mientras nosotros bordeando una gran montaña seguimos la caminata.

Luego nos encontró el taxista, subimos junto a los alumnos que nos acompañaban y paramos en la Garganta del diablo, un lugar turístico que cobraba 3 pesos para poder bajar. Unas fotos ahí (en la Garganta…) y el siguiente paso fue ir a donde se alojaban las mujeres.

Una siesta y unos mates luego. Bajamos las fotos de las distintas cámaras y grabamos todas en un CD que nos repartimos. Antes de eso junto a una oveja llamada Me, hicimos unas fotos como sellando el día. Una cena, vino y risas varias, hasta que se me hizo la hora de tomar un colectivo y ellas siguieron viajando por otros lugares jujeños.

Guanuqueando – Divididos (Tilcara 2010)

Éste artículo fue escrito por Alguien De Perico, también conocido como Alejandro Velázquez. Fotógrafo, periqueño y amante del chocolate.

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Guanuqueando – Divididos
Tilcara 2010, presentación de Amapola del ’66

Divididos, Tilcara y una Amapola del ’66

Éste artículo fue escrito por Alguien De Perico, también conocido como Alejandro Velázquez. Fotógrafo, periqueño y amante del chocolate.

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Hay recitales donde uno busca esos puntos cumbres, donde hay imágenes imborrables. Pero hay otros como éste, donde el trabajo sería buscar momentos poco memorables, incluso la lluvia fue un gran ingrediente para una historia que  parece hecha para ficcion. Después de un recital así sabés el significado de la Aplanadora del rock…

“Tienen 15 minutos” decía el encargado de probar los micrófonos a uno de los músicos locales invitados, lo que nos hacía pensar en un cronometrado show donde se presentaba la placa Amapola del ’66, en una espera de 8 años por material nuevo de Divididos. Durante una hora y minutos desfilaron los invitados por el escenario, al pié del Cerro Chico y cerca del río. Comenzó rockeando Gallega, y luego empapando de folcklore con grupo Chacra, Micaela Chauque y Los amigos de Ricardo Vilca.

Cuando le dejaron las tablas a tono para que el cronometrado asistente prepare todo y suban  Mollo, Arnedo y Catriel “Cachorrita” Ciavarella unas nubes grises muy oscuras también hicieron caso al cronómetro y así comenzó a llover. Ya casi resignándose a que sea tan sólo un chaparrón pasajero, cubrieron los instrumentos y la gente se dispersó buscando donde mojarse menos. De repente todos corrieron y fue cuando Divididos salió al escenario, pero no a tocar, sino como a pedir disculpas por algo que no estaba en sus manos. La lluvia seguía, Ricardo miraba al público y luego al cielo tal vez pidiéndole un centro a Diós para poder seguir con el show, y (sin pretender que sea esto un cuento de hadas) la lluvia fue desapareciendo de a poco, Mollo sacó una imagen de la Virgen de Copacabana del Abra de Punta Corral (que casualmente o causalmente en estos días tiene a sus peregrinos en la zona) y le agradeció. Y ahí comenzó a tocar la Aplanadora del rock and roll.

Desde unos días antes en la zona ya se sentía el ambiente que trae un recital, algunas lineas de colectivos tenían sus pasajes agotados (debido también a la gran cantidad de peregrinos a la virgen). Toda una plaza tilcareña que se iba poblando de remeras, de Narigón del siglo a la actual Amapola del ’66 que ya se vendían en las calles. Cámaras filmando esa previa, periodistas de distintos lugares del país y autos que ponían Sisters a todo volumen. Pasando el mediodía comenzó el peregrinaje de un par de kilómetros bordeando el río para llegar al escenario, que podría decirse, estaba en la zona verde de Tilcara (por su vegetación). Dos controles policiales antes de llegar y en el medio puestos de comida, bebida y ventas de remeras, para finalmente arribar. Con referentes de eventos así llegué a asociar rápidamente a las imagenes de un Buenos Aires Rock del 82 y hasta una especie de Woodstock tilcareño, familias enteras con toallones en la arena aguardando, carpas en el camino, y banderas (por no hablar de otras semejanzas).

“En las arenas bailan los remolinos…” fue lo que dijo Mollo y ahí activó al público en el show de Divididos. Alternó constantemente entre un recorrido de sus memorables clásicos, con los del nuevo CD. La potencia del trío fue constante durante la tocada, y cuando parecía que Mollo se ponía un calmante al sentarse, desató una gran ovación interpretando el viejo y conocido Vientito de Tucumán. Recorriendo las provincias y sin caer en la demagogía preguntó: “¿Hay santiagueños?”, para que bastante público levante ambas manos y llegó uno de los momentos más emotivos, cuando Diego Arnedo le dedicó el tema Flor azul a su papá (Mario Arnedo Gallo) el autor de la música de esta conocida chacarera. En el tema tuvo de invitados a Gustavo Patiño, Juan Saavedra, Sandra Farías, Aurelio Giménez y Nazareno Saavedra. Y así los invitados aparecían en distintas canciones. Es difícil saber si Luca se habría imaginado la intervención de una voz como la de Micaela Chauque con coplas cuando se interpretó Mañana en el Abasto y en medio del tema apareció Fortunato Ramos con su Erke.

En un gesto difícil y bizarramente comprensible un fanático se sacó la pierna ortopédica y la agitó en primera fila. Tal vez con la misma perpejlidad Mollo se acercó y la agarró sin saber que hacer hasta que finalmente se podría decir que la usó de púa.

Siguiendo por el romance entre Divididos y el folcklore, que siempre con generosidad le dió espacio a grandes músicos, recordaron al fallecido Ricardo Vilca con Guanuqueando, como lo había hecho hace 10 años junto a él, y esta vez junto a sus músicos y donde Diego Arnedo cambió el bajo por un bombo.

La euforia del público era constante, los temas del nuevo cd eran ovacionados por la multitud pero no todos sabían la letra, salvo del que lleva el nombre de la placa, Amapola del ’66, que fue el que cerró el recital. Pero antes de llegar al cierre hubo que pasar por otro momento de lluvia, de todas formas ya poco importaba y el agua no hizo que se detuviera la Aplanadora, al punto que Ricardo, con la idea de terminar como sea, diga con humor: “Espero que no sea nuestro último show…”. La escena casi armada para un videoclip nos mostraba a Catriel golpeando los platillos que esparcían agua de la lluvia que no paraba.

Ya palpitando el final algunos entre el público pedían temas, con gritos al estilo de Claudio María Cunilingüis (un pesado del rock de Capusotto) decían: “¡El 38, Mollo, el 38!”. Y Mollo porque estaba en lista más que por hacer caso omiso al pedido hizo sonar El 38 en una seguidilla de temas con gran potencia y muy conocidos por todos. Y como ya dije el tema despedida fue Amapola del ’66, en la culminación fue donde se sumaron casi todos los invitados y uno tras otro desfilaron tocando ya sin cables ni micrófonos hasta bajar del escenario. Y fue ahí que me quedó la duda si Catriel al sumarse a ese desfile de músicos (bombistos, vientistas y cuerdistas) se secaba del rostro, gotas de lluvia o alguna lágrima.

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